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Elecciones europeas "La Unión Europea ha funcionado sin alma social"

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Ernest Urtasun (Barcelona, 1982) vivirá su segunda legislatura en la Eurocámara, donde aterrizó el 2014 como dirigente de ICV. Ahora ve fundamental sumar el máximo de votos posibles para poder empujar las instituciones comunitarias hacia la izquierda.

Internacional

Convencido de la posibilidad de transformar unas instituciones europeas que, durante los últimos años, han estado al frente de la receta neoliberal ante la crisis, el número tres de la candidatura Unidas Podemos Cambiar Europa para las elecciones del 26-M, Ernest Urtasun, trabaja por un giro hacia la izquierda desde Bruselas.

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Lamenta que la campaña electoral esté tan marcada por la política nacional, a pesar de que no escatima en críticas hacia la represión al independentismo. Hablamos con él sobre las respuestas que esperan dar a los grandes retos comunitarios de los próximos años, así como a las grandes amenazas a los derechos humanos que se asoman entre bambalinas de la Unión.

¿Qué perspectivas tenéis estas elecciones? Las encuestas os dan una ligera bajada respecto al 2014.

Estamos yendo de menos a más. Como esta campaña va con las municipales está costando un poco entrar. Estoy muy contento de la campaña que está haciendo María Eugenia Rodríguez Palop. Más allá de las encuestas, las sensaciones son buenas: notamos un cierto sentimiento, que cada vez está más extendido, de europeísmo crítico. La gente quiere Europa, todas las encuestas nos lo dicen, pero están muy decepcionados en cómo han ido las cosas en los últimos años. Creo que nuestra candidatura es la que mejor conecta con este sentimiento porque los grandes partidos parten de un europeísmo mainstream muy desprestigiado, y la candidatura de Unidas Podemos tiene una voluntad de transformación que, creo, conecta con un sentido mayoritario o bastante amplio.

Qué propuestas destacaría de vuestro programa? La economía, la inmigración y la reforma de las instituciones comunitarias serán temas clave la próxima legislatura.

Los últimos años la UE ha funcionado sin alma social. Ha sido una maquinaria de recortes, de contrarreformas sociales. No solo por las intervenciones de la Troika, sino también porque las recomendaciones de política económica de mucho estados miembros han sido de contrarreformas sociales. La reforma de pensiones y laboral que hizo el PP estaba en gran medida impulsada por la burocracia en Bruselas. Necesitamos, por lo tanto, darle alma social a la UE.

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Esto quiere decir recuperar una cierta voluntad de tejer políticas de cohesión, como por ejemplo del establecimiento del salario mínimo europeo, de un sistema de indexación automática salarial, de una directiva de rentas mínimas, de un sistema de desocupación paneuropeo. Esto tiene que ir acompañado de reformas institucionales en profundidad que tienen que ver con el funcionamiento de la zona euro. Necesitamos reforzar y articular un diseño diferente de la zona euro con un presupuesto compartido, que es fundamentalmente la herramienta que nos falta.

Y después hay temas más concretos que preocupan. Evidentemente, los refugiados y la inmigración, que yo creo que es el gran tema en el cual la UE ha fracasado. Es difícil pensar que el próximo mandato, teniendo en cuenta quién hay en el Consejo, podamos avanzar hacia una reforma del sistema de migración y refugio de la UE de los 27, y por tanto no nos quedará otro remedio que impulsar un sistema de cooperación reforzada. Necesitaremos que el Parlamento, en alianza con algunos estados miembros, saque adelante esta reforma.

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Después hay cuestiones vinculadas al feminismo, totalmente inexistentes. Y también diría la fiscalidad, un tema en el que hemos hecho pequeños adelantos, pero nos hemos quedado a medio camino. La lucha contra paraísos fiscales, la armonización del impuesto sobre sociedades... Estos serían algunos de los temas, que hay muchos que son una prioridad para nuestro grupo el próximo mandato.

... como la transición energética y la lucha contra el cambio climático, que no hemos mencionado.

Todo el mundo reconoce que se tienen que hacer cosas, pero... La derecha siempre nos dice: "sí, el cambio climático es importante, pero esto requiere una estrategia a largo plazo". Es muy lento y no hay cosas concretas sobre la mesa. Pasa un poco como con la Generalitat catalana aquí. Estos días los estoy criticando mucho porque sabéis que acaban de declarar la emergencia climática, que está muy bien, pero si es un brindis al sol no sirve para nada. Lo digo porque la ley de cambio climático catalana está totalmente parada. Ellos dicen que está suspendida por el TC y no es verdad, solo están suspendidos los artículos en relación al fracking. El cambio climático no puede ser un eslogan.

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Urtasun: "El cambio climático no puede ser un eslogan"

Tenemos que correr más, y cuando digo correr más quiero decir que el 2050 tenemos el objetivo de tener una economía europea libre de emisiones. Para lograr este objetivo tenemos otro, intermedio, del 50% el 2030. No llegamos. Es imposible reducir hasta el 40% el 2030 y reducir el 100% al 2050. Por eso estamos proponiendo que esta reducción, este objetivo intermedio, sea del 55%. Esto tiene implicaciones directas, como tocar la directiva de energías renovables para subir también los objetivos. Y que los planes oficiales de emisión de los estados miembro, que al final se desarrollan en base a un marco legal europeo, tengan que ser muchos más rápidos.

¿Cómo ve la desafección hacia las instituciones europeas?

Yo creo que la distancia se ha producido por dos motivos. El primero es que hay un problema de funcionamiento y un problema de políticas. El problema del funcionamiento lo hemos tenido siempre. Mientras la UE era percibida como un espacio de derechos y de libertades, yo creo que la percepción general era positiva. No es el caso ahora mismo. Porque realmente hay poca participación y las políticas son profundamente neoliberales. Tenemos que corregir las dos cosas. Sobre la participación yo creo que aquí hay dos reformas esenciales.

El Parlamento Europeo es una institución escogida directamente por los ciudadanos. El Parlamento Europeo no tiene codecisión sobre todos los ámbitos y esto genera distancia. Y después tenemos que mejorar los instrumentos de participación como la iniciativa ciudadana europea. Ahora hay un mecanismo establecido, la ILP europea, por el cual puedes exigirle a la Comisión Europea que inicie legislación, pero tienes que recoger un millón de firmas. Además, hacen falta firmas de siete países. Tenemos que mejorar este mecanismo, tiene que ser más fácil pedirle a la Comisión Europea que inicie legislación.

Y lo tercero, que es un problema democrático muy importante, es el tema del control de los lobbies y los grandes intereses corporativos en Bruselas, que no lo tenemos muy resuelto. No tenemos un registro único de lobbies para las tres instituciones.

Estas elecciones europeas se están leyendo mucho en clave nacional, sobre todo por la influencia del proceso catalán. ¿Qué piensa de las restricciones que ha intentado poner la Junta Electoral a Puigdemont, Clara Ponsatí i Toni Comín? ¿Cree que podrán recoger el acta?

Nosotros hemos sido muy duros criticándolo. En estos momentos, las personas que están en Bruselas no tienen los derechos políticos suspendidos. Ninguna de ellas. Y por tanto, tienen derecho al sufragio pasivo. Es de cajón. El otro tema es lo del debate. Me refiero al hecho de que no se dejara participar gente por videoconferencia en el debate de TV3, cosa que nosotros ya habíamos dicho que estábamos dispuestos a hacer. Y esto convirtió el debate en algo más degradado.

Podría ser la primera vez que un preso político y un exiliado podrían salir escogidos en el Parlamento Europeo.

Veremos cómo se resuelve todo esto. En el caso de Junqueras habrá que ver exactamente si podrá venir, si lo dejarán. Y con Puigdemont, si la Junta Electoral lo proclamará o no si no va a Madrid. Si no lo hace yo preveo que los abogados de Puigdemont lo recurrirán a los tribunales y probablemente vayan a un litigio que acabará en Luxemburgo. Ya veremos como acaba esta cuestión. Y esto solo se hace aprovechando la nueva mayoría que tenemos a Madrid para intentar que se abran vías de diálogo y que la política vuelva a la normalidad institucional.

Unos de los posibles candidatos para la vicepresidencia de la Comisión es Josep Borrell. Qué papel tomará Unidas Podemos?

Primero se escoge el presidente de la Comisión Europea y después el colegio de comisarios. La primera cosa que necesitamos saber es en qué mayoría se sustenta esta Comisión. Hasta ahora ha sido con una Gran Coalición, un gran acuerdo entre socialistas y populares. Es probable que ya no sumen en estas elecciones y por tanto necesiten de los liberales para completar la mayoría. Pero en cualquier caso, nosotros a lo que aspiramos es a tener más fuerza para empujar el Parlamento hacia la izquierda e intentar como mínimo articular una mayoría de izquierdas y condicionar la próxima Comisión desde la izquierda. Yo no sé muy bien qué quiere hacer Borrell, ni cuáles son sus intenciones, ni si Pedro Sánchez lo quiere allá. Creo que Sánchez no quería que siguiera en el Gobierno. Ahora, qué hará en Bruselas, esto ya no lo sé.

Los liberales podrían tener la clave en el Parlamento, pero esto podría significar que el recambio de Mamfred Weber fuera Margrethe Vestager. No sé si le daríais en este caso apoyo...

Vestager es una persona que en términos de lucha contra paraísos fiscales ha jugado un papel muy importante. Pero en términos económicos es muy neoliberal. Cuando hablo de una candidatura de izquierdas no estoy hablando de Margrethe Vestager, estoy hablando de intentar que la izquierda nos pongamos de acuerdo con alguien que sea realmente capaz de tener cierta voluntad de cambiar las normas fiscales, de apostar por una política fiscal expansiva. Esto no lo representa Margrethe Vestager.

El candidato de la socialdemocracia a la presidencia de la Comisión, Frans Timmermans, ha planteado la posibilidad de llegar a pactos con la izquierda y los verdes. ¿Lo ve posible?

He trabajado para esto desde que llegué al Parlamento Europeo. Yo y otros diputados creamos un Progressive Caucus donde había eurodiputados de la izquierda socialdemócrata, verdes y de la izquierda europea. Nuestro objetivo era trabajar juntos e hicimos cosas importantes, como una gran conferencia contra el CETA. Este grupo ha funcionado muy bien. La gran pregunta es qué quieren hacer los socialistas: si vuelan un acuerdo con la izquierda o siguen cerrando acuerdos de gran coalición.

Ahora parece que quieren un acuerdo con la izquierda, pero yo tengo que decir que a Martin Schulz también lo escuché decir en su día que quería un acuerdo con la izquierda y después pasó lo que pasó. No han estado muy creíbles. Al PSOE tampoco lo hemos visto nunca, en el Progressive Caucus. Yo trabajaré en esta línea de la unidad de las fuerzas de izquierdas y espero que los otros grupos hagan el mismo.

Permítame que le pinche un poco, pero ¿la derecha de los verdes alemanes no podría ser un impedimento a la hora de llegar a acuerdos?

Es verdad que los verdes tienen varias alas, pero en Europa han ido virando hacia la izquierda. La lista de los verdes alemanes la encabezan cuatro candidatos de izquierdas. Evidentemente, todas las familias políticas son plurales, y ha habido verdes con los cuales yo no he compartido cosas, pero en general se nota el liderazgo de Ska Keller en un ecologismo de izquierdas.

No hemos hablado todavía del elefante a la sala: la subida de la extrema derecha. ¿Cómo ve el fenómeno?

"Creo que hay mucha gente en el Partido Popular Europeo (PPE) que se puede entender con la extrema derecha y llegar a consensos"

Para mí la gran pregunta es qué harán los populares. ¿Seguirán abriendo las puertas de las instituciones a la extrema derecha o no? Hasta ahora hemos visto el acuerdo en Austria, el acuerdo en Andalucía y la tolerancia con Orbán. Le pregunté a González Pons si incorporarían a la extrema derecha a las instituciones y no me respondió. Lo que ha pasado en Austria podría ser un cambio: ha sido tan escandaloso que Kurz no ha tenido más remedio que convocar nuevas elecciones. Aun así, creo que hay mucha gente en el Partido Popular Europeo (PPE) que se puede entender con la extrema derecha y llegar a consensos. La novedad es que la extrema derecha ya no quiere destruir europa ni su sistema institucional. Lo que quieren es asaltar el sistema institucional y darle una dirección diferente.

En esta ruptura del bipartidismo europeo, ¿cree que saldrá ganando la izquierda o la derecha?

Es la gran pregunta. Populares y socialistas ya no sumarán. Habrá que ver si esto hace que el Parlamento Europeo tire más hacia la derecha o la izquierda. Esto dependerá de si tiene más fuerza la extrema derecha o nosotros, la izquierda unitaria y los verdes. Por eso estamos pidiendo el apoyo de la gente para sumar más. Si tuviéramos 150 o 200 diputados podríamos inclinar el Parlamento Europeo a la izquierda.

Aquí, en la política nacional, hemos visto cambios a su grupo con la salida de Nuet y Alamany. ¿Cómo ha encajado estos movimientos?

En política catalana hemos visto grandes movimientos de partido. Que haya gente que haya decidido cambiar de partido es muy legítimo, no tiene más. Lo que creo que no se sustenta es el argumento que ellos han usado para irse a ERC, que es decir que no había espacio para el soberanismo, cuando en las elecciones generales la persona que ha liderado nuestra candidatura es Jaume Asens, una de las voces más reconocidas del soberanismo en nuestro espacio. Cuando esto cae, ¿qué queda? Un caso de transfuguismo e intereses personales.

Se ha señalado que las instituciones europeas han tenido una respuesta tibia sobre la actuación policial el 1-O o los presos. ¿Podría cambiar después del 26-M?

Esto depende en gran parte de las mayorías. Una de las cosas que puedo decir con cierto orgullo en esta campaña es que los verdes, junto con la izquierda unitaria, hemos sido los grupos que más han denunciado la represión y la violencia el 1-O. El otro día, en el debate de TV3, González Pons intentó decir que el debate sobre el 1-O en el Parlamento Europeo lo había propuesto él, cosa que es falsa. Lo propusimos nosotros. Se llevó a cabo a raíz de una petición de Ska Keller, como presidenta del grupo.

En general es verdad que las instituciones europeas esperan que el nuevo marco en España genere nuevas dinámicas. Aquí hay dos escenarios diferentes: un escenario del gobierno en minoría, en el cuál pueden haber gestos hacia Catalunya, o un gobierno en coalición con nosotros, en el cuál existe la garantía que se podrá hacer frente al conflicto para encontrar una solución política. El gran escenario para solucionar la cuestión catalana es Madrid, sin duda. A pesar de que pediremos un acompañamiento desde Bruselas, evidentemente. Si nosotros estamos en el gobierno, la cosa irá mejor.

Volvemos a la agenda de transición ecológica. ¿Cómo cree que se puede compaginar este objetivo con evitar que miles de personas acaben en el paro que supone para miles de personas el cierre inmediato de empresas del sector industrial?

Para nosotros la transición tiene que ser justa. Tenemos que encontrar la manera que la transición ecológica vaya acompañada de la recolocación de puestos de trabajo y planes de formación para, por ejemplo, gente que trabaja en una térmica que se tiene que cerrar. Se tiene que acabar a la vez con las energías fósiles y garantizar un futuro laboral para las personas afectadas. Lo que no podemos hacer es retrasar o dejar de hacer la transición energética simplemente porque hay puestos de trabajo que no se pueden tocar. Se tiene que ser valiente.

En Francia hemos visto como una subida del combustible ha provocado una protesta social...

Efectivamente. Yo soy favorable de subir la fiscalidad del diésel. En España tenemos cuatro puntos menos de fiscalidad ambiental con relación a la media europea. Ahora bien, las consecuencias de esto se tienen que tener en cuenta: si hay alguien que por razones de trabajo necesita de forma imprescindible utilizar un vehículo, y el diésel es lo más económico, las administraciones tienen que encontrar un mecanismo para encontrar una solución. Lo que no pueden hacer es desentenderse de los problemas que esto tiene que generar.

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